Esta magnífica creación es una exquisita y respetuosa interpretación del célebre icono concebido por el insigne iconógrafo ruso Ivan Lvovich, cuyo original se venera en Tsarskoe Selo, cerca de San Petersburgo, Rusia.
Ejecutada con absoluta devoción, la obra está realizada sobre un robusto soporte de madera que sirve de base perfecta para un despliegue sagrado de arte, luz y espiritualidad.
El fondo y el nimbo sagrado resplandecen intensamente gracias al empleo de oro noble, meticulosamente bruñido para capturar y reflejar una luz celestial que envuelve la pieza en una atmósfera profundamente mística y atemporal. Sobre este mar dorado emerge majestuosa la figura de la Virgen, vestida con un manto blanco de sutiles tonos azulados y celestiales. Este ropaje está plasmado mediante la fusión de pigmentos naturales y finos óleos que otorgan a la superficie una riqueza cromática y una textura orgánica excepcional.
Un detalle de inigualable finura es el minucioso trabajo de esgrafiado que decora los bordes de su velo y túnica; mediante incisiones precisas sobre la capa pictórica, se descubre el oro subyacente, creando tramas geométricas y filigranas de gran elegancia. Sus manos estilizadas sostienen un rosario de cuentas oscuras y un medallón dorado, símbolos elocuentes de oración y entrega espiritual. Las inscripciones tradicionales flanquean su rostro de serena belleza, cuya mirada compasiva irradia una paz infinita y consoladora.
Firmada por la artista en su parte posterior y coronada por la nobleza de sus materiales —madera selecta, oro noble y pigmentos puros—, esta pieza trasciende la simple representación plástica. Se erige como un puente vivo entre la milenaria herencia mística de la iconografía y la sensibilidad contemporánea, consolidándose como un luminoso testimonio de fe, elegancia y maestría artesanal eterna.